Nacen en el momento de parto. Desorientados, son introducidos en una especie de box o canil en donde se encuentran con otros de su condición, la partera los deja allí y les advierte que ingresarán al recinto en que se encuentra su mujer en el momento indicado, es decir, cuando esta se encuentre a minutos de parir (sea de la forma que sea).
Los encajan en una bata, gorro y les cubren los pies con material esterilizado. A la voz de aura los conducen a lugar en donde se celebra (por decirlo de alguna manera formal) el nacimiento. Una vez que el niño entró al mundo real lo acompañan por una serie de experimentos de prueba de vida: evaluación de reflejos, baño, tubos por orificios, etc, para, una vez finalizados los procedimientos, obtener al bebé envueltito e hinchado. Entran con cara de “nunca me recuperaré de ésta” mezclada con “happy birthday to you” y un poco de “¿y ahora qué?” y nos muestran nuevamente al niño.
Pasado el ajetreo inicial e intentando historizar algo de lo vivido les preguntaremos… y no recordarán nada…La mente en blanco es indicador del shock que se ha esparcido a modo de trauma en el aparato psíquico masculino.
En un margen de dos días tendrán que aprender a limpiar un culo, asear el cordón, deslindar llanto de sueño o hambre, ser testigos de que otro cuello sea besado de forma insistente en su presencia, lo que quizás implique, quedar fuera de la ecuación por un tiempo, la matemática nunca fue perfecta (a mi forma de ver, los números primos son una prueba fehaciente de ello). Deberán reencontrarse con una mujer que posiblemente no será la misma, cuyo cuerpo y psiquis no ha cesado de modificarse, cuyas tetas: la herramienta favorita de otro/a.
Pero los hombres puérperos tienen otras herramientas también: los celos. Una alumna me contaba que estuvo a punto de divorciarse cuando su marido le insistió que era el bebé quien debía adaptarse a sus horarios… Y hay más :
Los sobre-informados
Algunos otros se esforzarán en hacer todo perfecto. Recuerdo en una fiesta infantil no hace mucho, haber visto al padre de una niña de tres meses: orgulloso, en un verano de cuarenta grados, cargaba una mantita de lana rosa, impoluta, doblada sobre su hombro.
Dentro de la liga de los perfeccionistas los estudiosos son los peores…Porque existe Internet. Leen cuanto pasquín se les cruce frente a la nariz en el monitor. Entonces vienen todos los días con ideas contradictorias sobre cómo administrar la primera papilla, explican apasionados la teoría del “continuum” y cómo ¡las mujeres africanas cargan a sus hijos continuamente y éstos no lloran nunca! (claro, las mujeres africanas no tienen hijos que pesen más de nueve kilos...)
Los sobre informados operan desde el cansancio, como la gota que horada la piedra siempre tienen algún tip…que desborda el vaso. Mientras bañamos al niño sostienen con seguridad científica “dicen que hay que bañarlos cinco minutos antes de que eructen, eso es bueno para la digestión del tercer tracto del esófago…”
Los T.O.C o Superyóicos
En un asado una amiga me mostró apenada sus manos en carne viva, su hombre puérpero se había obsesionado con los gérmenes y bacterias asesinas, por lo que tenía que usar un jabón líquido especial (especialmente contraindicado por dermatólogos) que mata todo, hasta la tersura. Estos exponentes compran detergentes y purificadores de aire. No hay filtro de agua que resista su perspicaz escrutinio. Miran con fiereza cuando osamos posar los labios sobre la cuchara de su descendencia, claro, han investigado y las caries ¡Son contagiosas! Compran todo tipo de gel de alcohol pero tienen una marca favorita: la más cara.
Si quieren divertirse gratis los verán paseando emebelesados por las góndolas de farmacity buscando alguna nueva golosina antibacterial
Los negadores
No tardarán en ubicar a estos especimenes. Cuando concurran a un boliche dirijan la mirada al centro de la pista, son los que bailan desenfrenados como si fueran seguidores de las terapias del último día de vida. Nada ha pasado aquí, dirán mientras salen de juerga y sus mujeres quedan con el vientre fláccido, despeinadas y con el retoño en brazos. Los negadores no conocen límite alguno, son capaces de invitar a un grupo heavy metal para que toque al lado de la cuna a cambio de mantener el satus quo.
Hay versiones más suavizadas de esta clase. Aquellos que se niegan a cambiar su rutina anterior y la sostienen a muerte o luchan por recuperarla a la voz de “El lunes comienzo el gimnasio”
Los agremiados
Se reúnen entre sí a lamerse las heridas. Cuentan de a poco los días, horas y minutos que llevan sin actividad sexual de ningún tipo. Mientras se autocompadecen sostienen una curiosa teoría: aquella mujer que fue madre perdió para siempre el estatuto de mujer, para ellos son categorías claramente autoexcluyentes.
Recomiendan seriamente no casarse y mucho menos procrear. Bajo un manto de duda guardan la secreta sospecha de haber sido conducidos hacia el matrimonio engañados con el solo objeto de obtener una gota de su valioso semen. Se sienten estafados y a todo amigo soltero que encuentran aconsejan con fervor sobre la vida sin ataduras ni compromisos.
Los Feminizados
Si pudieran comprarían el seno ficticio que usa De Niro en Los Fockers II. Como no pueden, rompen la bolas. Les indican a sus mujeres cuándo, dónde y cómo dar la teta. Adoran cocinar papilla a rolete y luego frizarla con el esmero de un chef. Aprenden rápido y contentos, son los que hacen más preguntas en el curso pre-parto. Empiezan comprando una cuna para luego elegir todo el ajuar hasta los quince años. Sus mujeres asisten consternadas a estos gestos pensando que son sólo manifestaciones inocentes de una etapa que pasará.
Los Deserotizados
Vendrían a ser Los agremiados que se cansan de quejarse y toman cartas en el asunto, es decir: Aquellos que a la voz de “Ella me abandonó” o “Ella dejó de atenderme” se buscan otra que concentre toda su carga libidinal. En el mejor de los casos, la nueva en cuestión, tiene niños que ya hace rato dejaron de chuparse el dedo y en el peor son aquellas que simulan una vida libre y despreocupada, y que, de tanta libertad y despreocupación quedan embarazadísimas al primer hervor. Los deserotizados vuelven a caer, pero ya, con experiencia en su haber.
A estos exponentes puérperos los pueden divisar los sábados a la mañana en los shoppings, con cara desangelada pasean el cochecito que contiene al flamante lactante ( y por qué no, mellizos) mientras sus nuevas mujeres hacen los que las viejas jamás pudieron: cavado, axila y pierna entera.
Mostrando las entradas con la etiqueta Crónicas puérperas. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Crónicas puérperas. Mostrar todas las entradas
viernes, noviembre 09, 2007
jueves, junio 28, 2007
Dientito o la Burbuja Narcisista

Antes de ser mamá (suena tan lindo) acuñé una expresión dedicada a aquellos que eran padres, solía decir que viven en una Burbuja Narcisista. Es ese bello y cómodo lugar donde dos, tres o más cosanguíneos comparten la misma irrealidad: importarles un carajo lo que acontece en el mundo exterior. Ejemplos sobrados lo dan los padres que dejan jugar a sus vástagos rompiendo objetos variados, haciendo ruidos violentos mientras los vástagos de otros al fin duermen, aquellos que hacen la vista gorda cuando los preciosos y regordetes deditos de sus niñitas de tres años se les meten con saña en los ojos de otro menor y por lo tanto indefenso, aquellas preciosas madres que ocupan toda la vereda en escenas dramáticas dignas del Oscar o Martín Fierro vernáculo: poner un saquito porque hace frío, subir al cochecito o entrar al patio de juegos. El patio de juegos o pelotero ¡otro caldero de burbujas!…El problema es cuando chocan unas con otras, es decir, no advierten el paso de un cochecito y despanzurran toda su humanidad obstaculizando sin culpas, dejan entrar a sus pequeños de seis al área de los de dos, y allí vemos cómo los sodomizan cual gángsters sacándoles los juguetes favoritos de las manos para luego apilarlos cuidadosamente en la casita la cual vigilan sus socios prestos a disparar chupetes babosos al primer deambulador que se acerque a recuperar lo perdido, los padres de estos confabuladores jamás lograrán darse cuenta, tan absorbidos en sus propias burbujas pensarán que ese encanute de todos los juguetes representa una construcción única propia de la arquitectura moderna, resultado del curso de sobre-estimulación temprana para narcisos. Muchos etcéteras por aquí, entonces.
Un psiquiatra con el que trabajé solía decir que ese perfil respondía al porte de un “Plumaje Narcisista”. Personalmente considero al Plumaje de una abstracción menor que la Burbuja. El plumaje recubre a uno y sólo uno, en cambio la Burbuja abarca quizás a toda una familia obnubilada por su realidad y hasta podría tratarse de una compleja transición evolutiva, mientras que el plumaje a un status quo.
La cuestión es que ya de novios (suena tan lindo) habíamos bautizado a estos personajes como “Dientitos” (previo a dar con la Burbuja Narcisista), en honor a aquella vez en que un señor con los dos delanteros de conejo sobresalidos, se quedó pensando durante tres horas en la cola del video si esa película la había visto o no, y, luego de decidirse por la negativa, mandó a sus mini-dientitos a tardar dos horas más en buscar una nueva. Ni hablar del tiempo vital invertido en la pesca y expulsión de billetera. Siempre todo en una pose inimputable que quisimos llamar “Actitud Dientito”, mordiendo el labio inferior y revoleando los ojos distraídos.
La cuestión, y voy al punto, es que yo le decía a Dr. Love que la Burbuja Narcisista correspondía al status padres y que nosotros la portaríamos con orgullo llegado el momento. El momento llegó y la burbuja… no se nos armó…o infló. Claro que ahora somos tres y vamos como con más infraestructura por la calle, entonces nos topamos con que una pareja, también con niño, cochecito y bolsos, decide detenerse ocupando todo, para buscar algo en uno de esos bolsos infinitos (alguien dígame por favor qué diantres llevan ahí, un pañal, una muda de ropa y toallitas no se expanden cual sea monkeys eh).
Harta ya de tanta tolerancia por la subjetividad ajena en ese instante le manifesté a Dr. Love que si la Burbuja Narcisista no me salía espontáneamente me la iba a injertar a la fuerza. Dicho y hecho: Llegué a la esquina y me paré en el cruce de vereda delante de ellos con el cochecito y en posición “Arabesque” (los que estudiaron danza clásica me entenderán).
Un psiquiatra con el que trabajé solía decir que ese perfil respondía al porte de un “Plumaje Narcisista”. Personalmente considero al Plumaje de una abstracción menor que la Burbuja. El plumaje recubre a uno y sólo uno, en cambio la Burbuja abarca quizás a toda una familia obnubilada por su realidad y hasta podría tratarse de una compleja transición evolutiva, mientras que el plumaje a un status quo.
La cuestión es que ya de novios (suena tan lindo) habíamos bautizado a estos personajes como “Dientitos” (previo a dar con la Burbuja Narcisista), en honor a aquella vez en que un señor con los dos delanteros de conejo sobresalidos, se quedó pensando durante tres horas en la cola del video si esa película la había visto o no, y, luego de decidirse por la negativa, mandó a sus mini-dientitos a tardar dos horas más en buscar una nueva. Ni hablar del tiempo vital invertido en la pesca y expulsión de billetera. Siempre todo en una pose inimputable que quisimos llamar “Actitud Dientito”, mordiendo el labio inferior y revoleando los ojos distraídos.
La cuestión, y voy al punto, es que yo le decía a Dr. Love que la Burbuja Narcisista correspondía al status padres y que nosotros la portaríamos con orgullo llegado el momento. El momento llegó y la burbuja… no se nos armó…o infló. Claro que ahora somos tres y vamos como con más infraestructura por la calle, entonces nos topamos con que una pareja, también con niño, cochecito y bolsos, decide detenerse ocupando todo, para buscar algo en uno de esos bolsos infinitos (alguien dígame por favor qué diantres llevan ahí, un pañal, una muda de ropa y toallitas no se expanden cual sea monkeys eh).
Harta ya de tanta tolerancia por la subjetividad ajena en ese instante le manifesté a Dr. Love que si la Burbuja Narcisista no me salía espontáneamente me la iba a injertar a la fuerza. Dicho y hecho: Llegué a la esquina y me paré en el cruce de vereda delante de ellos con el cochecito y en posición “Arabesque” (los que estudiaron danza clásica me entenderán).
miércoles, junio 06, 2007
Maternidad ¡Divino tesoro!

“Como no duermo, escribo”
Psicoanalista contemporánea
Psicoanalista contemporánea
“Me apuro antes que despierte”
Madre primeriza
Madre primeriza
"El que ríe último, ríe mejor"
Bebé de padres inexpertos
Ser inexperto es una cosa, ser padre-inexperto tiene un sabor complejo, una trama inextricable, una textura densa y dramática-si me permiten el brote megalómano- pero…me pregunto ¿Qué otra forma existe para armarse de experiencia que no sea llenarse de primeras veces? Me remito a los ejemplos, la práctica siempre ha sido mi fuerte:
-En cuanto a la lactancia, durante el embarazo compré ejemplares infinitos sobre el tema, visité sitios en Internet exclusivamente dedicados a dicha empresa. Como buena estudiosa, repetía los pasos como versito escolar “…para que los pezones no se agrieten, cambiar al bebé de posición al mamar…la crema de caléndula…ponga el bebé al pecho con frecuencia con el objeto de constituir la unión nacional, afianzar la justicia…blablabla…” Pero…Ah, los libros… de más está decir que nunca entendí los putos dibujitos ilustrativos, tuvo que venir a mi habitación una puericultora del sanatorio y allí, en un rito sagrado, oprimir mis glándulas mamarias y mostrarme en el acto y con eficiencia cómo cuernos es que sale la leche ¡ahhhh…Eso era lo que los dibujitos querían decir….”
-Aprendamos de una buena vez que los psicoanalistas no instituimos jamás el famoso latiguillo “la culpa de todo la tenemos las madres”. La verdad desnuda es que ese mantra fue inventado por las suegras y lo llevan de generación en generación, de suegra en suegra, como testimonio de una cultura ancestral, críptica y esotérica. Ilustro por temas:
-Aprendamos de una buena vez que los psicoanalistas no instituimos jamás el famoso latiguillo “la culpa de todo la tenemos las madres”. La verdad desnuda es que ese mantra fue inventado por las suegras y lo llevan de generación en generación, de suegra en suegra, como testimonio de una cultura ancestral, críptica y esotérica. Ilustro por temas:
Tema 1
“Tu leche no es buena”
Cuando Dr. Love le comenta (en uno de los llamados de la Súper agente 86) que el niño no duerme. Vertido sin cuidado, varias veces, cual taladro matutino en la calles céntricas de la ciudad; hasta sugiriendo los buenos usos de la leche maternizada y ejemplificando, sabiamente, con el caso de la hija de su vecina. Pero, yendo a los bifes: el Mini Dr. Love aumenta ¡50 gramos por día! Definitivamente el comentario es la mala leche.
Tema 2
“Siempre consideré desalmadas a las madres que no le ponen mediecitas a sus hijos…”
Mientras observa a mi bien más preciado patear mientras asoman sus morrudos deditos por fuera de una yoguineta. Le explico lentamente y con tono amoroso que los bebés no pierden calor por los pies sino que se auto-termorregulan por la cabeza y ella lanza la mirada “Ya no te escucho, desconecté, y este comentario te lo repetiré hasta que te hartes y desconectes vos…”
Tema 3
“Mucho brazo”
Cuando, en otro llamado, Dr. Love le detalla que, a veces, nos cuesta decodificar a nuestro niño. Es cierto, habría que dejarlo en la jungla de su inmensa cuna por horas ¡Y que se haga hombre, canejo! O quizás aquella maravillosa, amorosa y erudita técnica de “Cerrar la puerta y dejarlo llorar”
Tema 4
“Queeeeee? No lo van a pelar???? ¡Después le sale rubio!”
Noooo, no lo vamos a pelar. Si hubiese querido tener descendencia albina no me hubiera casado con tu hijo.
No lo pelamos porque nos encanta el pelo con el que vino de fábrica…Es inútil que trates de convencernos, basta, no insistas, queda feo.
-Reivindico completa y ABSOLUTAMENTE a Melanie Klein, es más, desde ahora soy Kleiniana (please Dr. Freud, I´m just joking). Lo del pecho bueno y malo era verdad. Basta ver a Mini Dr. Love, peleando y refunfuñandole al pezón cuando el níveo líquido no sale como él quiere, léase: tiempo y forma, cantidad, ritmo, etc. Con sus preciadas uñitas que aún no he tenido tiempo para limar (era eso o dormir…o escribir esto antes de que emerja del tibio contacto con Morfeo) me pellizca y rasguña enojado cuando demoro tres segundos en acomodarlo frente a su fuente alimentadora.
-Poner el cuerpo es literal y hasta les diría se queda corto, sólo hay que escucharlo a Dr. Love decirle a su hijo para calmarlo “Ahí viene la comida”, o sea yo…
-El tema de la decodificación es no menos importante. Siempre vamos un paso atrás ¿Pero hay otra forma de ir? Ahora sabemos muy bien que las patadas enérgicas y llanto son cólicos, por lo tanto: pedos. Gritos desgarradores con quejidos y protesta, con doblez en labio inferior y chupada de todos los dedos juntos: hambre. Quejidos de monito: atención, palabras y caricias. El problema acontece cuando se produce una combinatoria de las demandas, por ejemplo: cólicos-hambre, mimos-hambre-lo que sea pero denme bola ya, reflujo-hambre-mimos porque el reflujo me duele y me molesta…Una de esas noches de fracaso en la decodificación, a eso de las cuatro de la mañana, Dr. Love partió raudo a conseguir un chupete. En ese preciso instante me hizo deglutir mis palabras anteriores a la experiencia real de ser madre: “mis hijos JAMAS usarán chupete” Por algo en inglés la palabra es “pacificador” en vez de chupete. La cosa es que invertimos en acciones de varias marcas: con forma de pezón: lo escupió. El de caucho, “sueño seguro” que le dicen, todavía lo prueba con desconfianza y hace gestos así como si probara las heces de un caballo descompuesto, uno dinamarqués de silicona, otro de marca alemana: lo mismo que el dinamarqués, sólo lo agarra en situaciones extremas…En fin, aplicamos la técnica con un resultado mediocre.
Otros dos actos de decodificación fallidos en que se habían realizado todas las acciones precautorias (cambio de pañal, mimos, teta, palmaditas para gases, posición vertical para reflujo, acunar, posición diagonal, etc…) nos llevaron a una guardia cercana a eso de las cuatro de la mañana. En la sala de espera más de veinte bronquiolitis y resfríos trasnochados cantaban “¡Presente! ¡Ven que te contagio ya!” Huimos hasta que llegara nuestro turno en el auto (que bien podría convertirse en tienda de compaña, ¿el nombre de la expedición? “Tenemos un hijo, podríamos vivir aquí de cualquier modo”) En medio de la noche del sábado pasado, portando el número seis, iban por el ochenta y nueve, nos dirigimos a saciar nuestro apetito con algo rápido y en caja. Vamos, traten ustedes de saciar su apetito con empanadas regionales chorreantes mientras dan la teta en el mínimo asiento trasero de un pequeño dos puertas…Dantesco.
Lógicamente al llegar a la guardia el niño dormía plácido cual rubicundo ángel renacentista. Ahí es cuando tomamos el curso acelerado para padres “me preocupo si se tira un pedo y llora” y escuchamos con paciencia la clase magistral de la pediatra que nos informó que la única forma de comunicarse de un recién nacido es ¡El llanto! ¿cómo? ¿ustedes tampoco lo sabían?
No lo pelamos porque nos encanta el pelo con el que vino de fábrica…Es inútil que trates de convencernos, basta, no insistas, queda feo.
-Reivindico completa y ABSOLUTAMENTE a Melanie Klein, es más, desde ahora soy Kleiniana (please Dr. Freud, I´m just joking). Lo del pecho bueno y malo era verdad. Basta ver a Mini Dr. Love, peleando y refunfuñandole al pezón cuando el níveo líquido no sale como él quiere, léase: tiempo y forma, cantidad, ritmo, etc. Con sus preciadas uñitas que aún no he tenido tiempo para limar (era eso o dormir…o escribir esto antes de que emerja del tibio contacto con Morfeo) me pellizca y rasguña enojado cuando demoro tres segundos en acomodarlo frente a su fuente alimentadora.
-Poner el cuerpo es literal y hasta les diría se queda corto, sólo hay que escucharlo a Dr. Love decirle a su hijo para calmarlo “Ahí viene la comida”, o sea yo…
-El tema de la decodificación es no menos importante. Siempre vamos un paso atrás ¿Pero hay otra forma de ir? Ahora sabemos muy bien que las patadas enérgicas y llanto son cólicos, por lo tanto: pedos. Gritos desgarradores con quejidos y protesta, con doblez en labio inferior y chupada de todos los dedos juntos: hambre. Quejidos de monito: atención, palabras y caricias. El problema acontece cuando se produce una combinatoria de las demandas, por ejemplo: cólicos-hambre, mimos-hambre-lo que sea pero denme bola ya, reflujo-hambre-mimos porque el reflujo me duele y me molesta…Una de esas noches de fracaso en la decodificación, a eso de las cuatro de la mañana, Dr. Love partió raudo a conseguir un chupete. En ese preciso instante me hizo deglutir mis palabras anteriores a la experiencia real de ser madre: “mis hijos JAMAS usarán chupete” Por algo en inglés la palabra es “pacificador” en vez de chupete. La cosa es que invertimos en acciones de varias marcas: con forma de pezón: lo escupió. El de caucho, “sueño seguro” que le dicen, todavía lo prueba con desconfianza y hace gestos así como si probara las heces de un caballo descompuesto, uno dinamarqués de silicona, otro de marca alemana: lo mismo que el dinamarqués, sólo lo agarra en situaciones extremas…En fin, aplicamos la técnica con un resultado mediocre.
Otros dos actos de decodificación fallidos en que se habían realizado todas las acciones precautorias (cambio de pañal, mimos, teta, palmaditas para gases, posición vertical para reflujo, acunar, posición diagonal, etc…) nos llevaron a una guardia cercana a eso de las cuatro de la mañana. En la sala de espera más de veinte bronquiolitis y resfríos trasnochados cantaban “¡Presente! ¡Ven que te contagio ya!” Huimos hasta que llegara nuestro turno en el auto (que bien podría convertirse en tienda de compaña, ¿el nombre de la expedición? “Tenemos un hijo, podríamos vivir aquí de cualquier modo”) En medio de la noche del sábado pasado, portando el número seis, iban por el ochenta y nueve, nos dirigimos a saciar nuestro apetito con algo rápido y en caja. Vamos, traten ustedes de saciar su apetito con empanadas regionales chorreantes mientras dan la teta en el mínimo asiento trasero de un pequeño dos puertas…Dantesco.
Lógicamente al llegar a la guardia el niño dormía plácido cual rubicundo ángel renacentista. Ahí es cuando tomamos el curso acelerado para padres “me preocupo si se tira un pedo y llora” y escuchamos con paciencia la clase magistral de la pediatra que nos informó que la única forma de comunicarse de un recién nacido es ¡El llanto! ¿cómo? ¿ustedes tampoco lo sabían?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)