lunes, noviembre 27, 2006

Regalo de autor

"Vera: -¿Me querés?
Dr. Love:-Te amo.
Vera:- ¿Por qué?
Dr. Love: -Mnosé...Alguna extraña combinación genética"

El regalo de cumpleaños de Dr. Love iba a ser asombroso, inédito, apasionante...Por eso decidí que se trataría de un almuerzo...En Colonia del Sacramento. Lo planeé con meticulosidad, salvo por el detalle de olvidar su DNI y tener que preguntárselo por teléfono, para reservar el pasaje (el mío se lo acuerda de memoria). Eso podría haber resultado una pista, pero ni se mosqueó, no es curioso como algunas que bien conocen ustedes...
Allí estábamos, en un buque, el más romántico y económico, el que tarda tres horas. Le expliqué que lo había imaginado, soñado, de determinada manera, por lo que debería acompañarme por las callecitas empedradas buscando el restaurant que emulara mis ensoñaciones diurnas. Nada de choripán al paso ni sandwich de pebete, debería tratarse de...¡Oh! ese, sí, ese. Apenas entramos en la zona histórica, cruzando el puente que una guía se empeñaba en desmenuzar piedra por piedra. Ese, con los manteles bordados, copas grandes, velas y vista al río, en la ventana abierta de par en par una mesa oval me chistó "¡Ven!" y arrastré a Dr. Love que leía en la puerta y mascullaba algo así como "cocina de autor...romper el orto...blah....mmhhh". "No importa, pago yo" asumí valiente "sí, ya sé cómo viene eso de que págás vos y después..."
Cuando trajeron el menú entendí eso del orto, no por nada compartíamos nuestra presencia con sólo un grupo de alemanes, pero era mi sueño deleitarlo con sabores de chef, quien se apersonó inmediato: sienes plateadas, gorro de gamuza marrón, jeans y camisa blanca, un von vivant-autor. Antipático en vanos esfuerzos de simpatía. Lo fletamos hasta elegir. De entrada: rabas en sal de limón del mediterráneo. Plato principal: raviolones negros de salmón, lomo al borgoña y pimientas con papas. Trajeron un quesito untable del que Dr. Love se encargó hasta no dejar rastros "Si te gustó tanto te lo puedo hacer en casa, es queso crema con un caldito knorr disuelto..." degusté superada. Cuando llegaron las quince rabas "Esto es sobrecitos lluvia de sabor de la propanda-dijo Dr. Love-ma qué sal de limón mediterráneo ni ocho cuartos". El toque sensacional se produjo con el arribo de mi lomo. En medio de un silencio de alto mastique, el homenajeado extendió el tenedor pinchando una de mis papas "¿Puedo probar una Maquein? Digo, de Autor Maquein...." Y todo decantó en la misma veta hasta tomar el buque de regreso. Ni hablar de la historia que le inventamos al chef antipático: un heredero tiro al aire coleccionista de muñequitas.
En el buque Dr. Love decidió dar un paseo por el free shop, báh, lo convencí asegurándole que no habría viejas peleando por los perfumes y aceptó, no sin algunas condiciones previas. En medio de olfatear fragancias trilladas todo comenzó a oscilar con violencia, las góndolas caían sobre los curiosos y los frascos de vidrio comenzaron a reacomodarse en nuevos diseños diagonales. Las viejas se golpeaban con grititos de susto y excitación, sin soltar sus preciadas galletitas importadas y un hombre con muletas reía divertido mientras depositaba su pesado cuerpo sobre mi exigua existencia, Dr. Love; puteando. Presa de un mareo desconocido a mi avezada estirpe corrí hacia un banco fuera del recinto. En las ventanas la línea del mar aparecía y desaparecía en segundos, el movimiento de los ornamentos vegetales emulaba una tormenta tropical interna y la gente ¡la gente!. Con ojos asombrados se mecían agarrándose de todo objeto que aparentara estabilidad relativa, otros semejantes incluídos, yo incluída. Dr. Love (más estable...en todo sentido) volvió con los tesoros adquiridos y se sentó junto a mí. Agudo como siempre, lo adivinó, lo predijo. Cinco segundos más tarde estaba abrazando al inodoro, no sin antes pasar por el santo y seña de la señora que limpiaba el baño "¿Vas a vomitarrrr?" Pasaron quince minutos de suplicio antes de poder volver a los ojos comprensivos afuera, apoyado contra la baranda mientras otros desfallecían a su alrededor ("la metáfora de un hombre sólido" pensé). Apoyé mi brazo en el suyo y caminamos hasta los asientos. Un pasillo nos separaba. Me tomó la mano. Una vieja sentada a mi lado, con cara de miedo me preguntó "¿Se mueve mucho?" ¿Acaso no estamos en el mismo barco? deseé retrucar. Le contesté que sí e inmediatamente giré la cabeza, la cosa venía conversacional y no estaba de humor. Luego de agua mineral, té astringente y evitación constante de la vieja dialogadora, Dr. Love levantó la ceja derecha y esbozó esa media sonrisa entrañable "¿Y? ¿Esto también lo soñaste?" "No, pero te puedo asegurar que volví a degustar uno por uno todos los exclusivos sabores de autor"

5 comentarios:

Cruella De Vil dijo...

Feliz Pumple Dr. Loveeeeeeeeee!
Nada, eso solito.
Ah, si... un beso para Vera, para mi mamá, mi papà y todos los que me conocen.
=P

Vera Finkelstein dijo...

Besos Cruellis!!!!
Gracias!
P.D Saludos a todos los que te conocen!!!

sauria es una mutante! dijo...

vera sos una idolaaaaa!!!!!
dale, no nos dejes tanto tiempo sin novedades!!!


qué buen regalo de cumple que le hiciste al dr. love! un beso de mi parte por su cumple!

besos besos a vos tambien!

Naty dijo...

reina total, sos lo más del mirador!
adoré tu idea, tu buena predisposición para tener un almuerzo super plus y te aseguro, que eso de recordar plato a plato el almuerzo, te acontecerá nuevamente si es que lo pagaste con tarjeta, cuando te llegue el resumen!

Anónimo dijo...

Se agradecen las salutaciones, pero más aún se agradece el regalo de mi amada Verita!!!!
Besos a todos
Dr. Love