miércoles, enero 17, 2007

Territorios

Cada vez más pienso que el amor es una cuestión territorial.
Cuando leí El Vicecónsul, esa recorrida por el desierto junto al Mekong. Ese viaje para dejar a su hijo en otras manos.
Cuando transito mi duelo. El duelo es para atrás ¿no? Una tierra devastada, consignar ese espacio. Resignificar, estamos hechos de esa madera. Uno vuelve para atrás creyendo que va para adelante.
Cuando mi amiga me dice que él no le dice, y la invito a preguntarle, a entrar en ese territorio.
Cuando ocupo lugares de la casa y Dr. Love se queja "vas avanzando... ¡ocupás todos los cajones!" y le respondo "como en el amor y en la guerra".
O aquella vez que aquel otro reservó dos estantes, un amor mezquino de
dos estantes para esta humanidad que necesita más de un placard, a lo sumo.
Cuando dejo de hacer algo y los otros ocupan ese espacio.
Barbazul era uno de mis preferidos, ella se casa con él, que le da una advertencia "usá todo menos ésta habitación", por supuesto que luego todo se reducirá a esa habitación prohibida, que contiene los restos de los otros amores que quisieron entrar. Imposible decir aquí no.
Se mezclan los libros y las cosas. Hay pérdidas para encontrarse con esa diferencia, la historia que le contaste y recuerda. Pequeñas irrupciones en las rutinas consagradas "Pusiste ese jabón ahí para que no me lave las manos con detergente". En el juego de las escondidas, hallazgos imprevistos.
Por ahí leí que Kristeva dice "donde hay amor hay palabra" yo creo que hay silencio, la no-palabra. Entonces me callo.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

(¡Qué inocencia 2 estantes!) Lo bueno del amor en el tiempo es que aparecen nuevos territorios. Un horizonte remplaza al anterior.

Vera Finkelstein dijo...

M.
Esa propiedad mutante ¿no?